Cuentas pendientes

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Debido a nuestra situación geográfica (en el culo del mundo), los Pirineos no son una de las mejores opciones para nosotros. 270€ ir y volver, además de 20 horas de conducción, entre ida y vuelta. Aun que ir a Alpes o al Tirol sea algo más caro, la molestia es mucho menor y acaba compensando.

Sin embargo, alguna vez tendríamos que sucumbir a ese territorio inexplorado para nosotros, y llegamos a la conclusión de que la Nochevieja sería una magnífica ocasión para ello. Así que, después de leer y releer, y buscar y rebuscar, tomamos la decisión de irnos a conocer los Pirineos franceses.

Salimos el día 30 de diciembre de Vigo, con la fresca, a las 7 de la mañana, con todos los bártulos cargados, la ilusión de conocer nuevas estaciones pero también con la sombra amenazante del mal tiempo. Pero con todo reservado, había que ir si o si; además, los días malos son los días en la oficina, no? con 2 paradas cada 3 horas, nos plantamos en Luz-Saint-Sauveur a las 5 y media de la tarde, con tiempo para hacer el check-in en el hotel y salir a dar una vueltica por el pueblo.

A primera vista ya nos empezó a gustar lo que vimos. Resultó no ser el típico mamotreto alpino francés, de urbanización de cartón piedra a pie de pistas, sino que nos encontramos un pueblecito tradicional, muy acogedor, y el acceso a las estaciones mu cercanos a pesar de necesitar el coche, si bien también hay transportes colectivos desde el mismo centro.


LuzArdiden 

Así que una vez establecidos, amanecimos el día 31 de diciembre con cielos despejados pero una leve brisa que presagiaba viento en altura, como finalmente resultó ser. Para finalizar el año sin agobios, pusimos rumbo a Luz-Ardiden, con nuestras tarjetas N-PY No Souci en el bolsillo. Nos encontramos una estación de tamaño mediano, con nieve vieja pero que mantenía el tipo con mucha decencia, a excepción de algunas zonas de cambios de pendiente, donde el viento hacía de las suyas, pelando las pistas y dejando el “cartón” de la base a la vista.

Si bien por momentos pasamos algo de frío por la ventisca, nunca amenazó el tiempo con la posibilidad de cerrar las sillas, de manera que pudimos esquiar todo el día bien a gusto por pistas, con un par de incursiones a por conejos, que tampoco estaba el horno para bollos.

Finalizada la jornada, vuelta al pueblo, donde hay un manojo de locales bien majos para tomarse unas cervecitas y reponer las sales perdidas por el esfuerzo. Después de esto, cena de Nochevieja, uvas de bote, y un par de tragos más antes de irnos a dormir, que al día siguiente volvíamos a tener función, esta vez en Baréges.


Baréges 

Grand Tourmalet era una de las razones principales por las que habíamos elegido venir aquí, sobre todo pensando en poder contratar un guía para hacer el descenso del Pic du Midi de Bigorre, ya que mi socia se había animado a ello. Sin embargo, el propio guía que habíamos contactado nos había manifestado su poca esperanza de poder hacer dicha actividad, debido a la previsión de aumento de temperaturas que había, que elevaría sensiblemente el riesgo de aludes.

Por tanto, en previsión de que mejorase el tiempo en próximos días, decidimos limitarnos a esquiar en la estación entrando por el sector de Baréges. Nada más llegar al pueblo, un empleado de la estación nos informó que no podríamos seguir hasta el parking si no llevábamos equipamiento para rodar por nieve; comprobado que si cumplíamos el requisito exigido, seguimos adelante, y en el mismo parking, otra amable empleada de la estación nos informó que si bien podríamos utilizar todos los remontes mecánicos, no podríamos pasar al sector de La Mongie, ya que la unión estaba cerrada debido al viento. Nuestro gozo en un pozo, así que nos tendríamos que ceñir a la mitad del dominio en el cual nos hallábamos.


LaMongie 

Finalmente, más allá de ser una limitación, esta circunstancia nos permitió recorrer a fondo todos los rincones de la parte a nuestro alcance. Y resultó que nos encantó esta estación, cuya parte inferior discurre entre árboles, donde encontramos un par de pistas cargaditas de nieve caída la noche anterior, donde nos entretuvimos un buen rato, para después poner rumbo hasta el collado del Tourmalet, lugar en el que pasamos la otra mitad de la jornada, con alguna nueva incursión cinegética.


LaMongie 

Nos retiramos en el momento justo en que el cielo empezaba a cubrirse de un modo amenazador, con idea de irnos a comer a ChezLouisette, una cabaña que vimos en la zona de Lienz. Habida cuenta de que la silla “Piquette” de regreso había sido cerrada por viento, decidimos acceder en coche por un camino nevado que lleva a un parking que se encuentra a nos 500 metros del restaurante. Allí nos entretuvimos tomando una Tartitoy (tartiflette con queso del PaysToy), cerveza, una deliciosa tarta de mirtilo y un par de chupitos de aguardiente de hierbas, cone l sonido del crepitar unos troncos en llamas mientras veíamos por la ventana como afuera nevaba suavemente. Acaso hay mejor forma de comenzar un nuevo año? Pocas se me ocurren…


SaintLary 

Pues ahí se quedó toda nuestra alegría, pues si confiábamos que siguiese nevando toda la tarde y noche, el mazazo de la cruda realidad del mal tiempo nos sacudió de lleno la mañana del día 2: jarreaba agua como para llevarse 3 meses sin regar las macetas! El plan era subir a Cauterets, pues era la estación que más a mano nos quedaba antes de cambiar de ubicación. Sin embargo no dejó de llover en todo el camino, e incluso después de acceder a la estación con el telecabina. Así que nos pusimos una condición: dejaríamos de esquiar en el momento que el primero de los 2 tuviese las manos caladas. Habida cuenta de que me había olvidado los guantes de Goretex y había subido los de piel, mi dedo pulgar derecho nadaba cual pececillo… a mitad de subida del primer telesilla! Como tampoco la visibilidad era para echar cohetes, decidimos bajar esquiando (no nos quedaba más remedio) y encaminarnos al bar, que por lo menos, estaríamos secos. Unas cervezas y al coche, con cara de malos humos, pues ni siquiera podíamos haber visto medianamente la estación.


SaintLary 

El día 3 tocaba mudanza. El viaje lo habíamos planificado para pasar 4 noches en Luz-Saint-Sauveur y otras 4 en Saint-Lary-Soulan, de manera que pudiésemos visitar las estaciones más orientales a las que teníamos acceso. Así que aprovechando que nos habíamos de mover en coche, tomamos la decisión de intentar esquiar en la mitad de Grand Tourmalet que nos faltaba por conocer, puesto que casi nos quedaba de paso. De este modo, pusimos rumbo a La Mongie.


SaintLary 

Llovió de nuevo todo el camino, lo que nos hacía presagiar una nueva jornada de bares. Y sin embargo, el tiempo decidió darnos una tregua según alcanzamos el parking público de La Mongie, de modo que nos calzamos, cogimos los “esquises” y nos fuimos al lío. Obviamente los aguaceros de la noche dejaron la nieve paposa, pero como buenos asiduos a la Cordillera Cantábrica, no nos resulta un elemento desconocido. Los estragos del agua eran evidentes en la nieve, pero esto no fue un impedimento para que pudiésemos ver toda la estación. El único obstáculo que nos encontramos fue de nuevo el viento que mantuvo cerradas las sillas más altas y un funcionamiento un tanto errático en algún momento en las demás.


SaintLary 

Y así fue discurriendo el día, hasta que sobre las 15:30 empezamos a notar gotas de agua en la cara, señal de que la tregua meteorológica había llegado a su fin. Era el momento preciso para bajar al coche, guardar los esquís y poner proa a un local que habíamos fichado porque prometía una fondue deliciosa que acompañamos de una rica botella de seca sidra bretona. La única pena con la que nos quedamos fue no haber podido subir al Pic du Midi, pero nos quedamos como consuelo con el hecho de que el teleférico estaba cerrado y no había forma de acceder. Allí se quedo el pico, vigilando, y esperando por nosotros para una próxima ocasión que seguro que llegará, más pronto que tarde.


TúnelAragnouet-Bielsa 

Por tanto, rumbo a St. Lary, para finalizar nuestro periplo de ese día. Al día siguiente, 4 de enero, habíamos planeado subir a la estación que hay en el mismo pueblo, a la cual accedimos vestidos y calzados desde nuestro apartamento, mediante un vestusto teleférico, para el cual tuvimos que pagar un forfait aparte, ya que era la única estación que no incluía nuestro pase N-PY. 42€ por unos 100 kilómetros, de pistas completamente tapadas por la niebla. Después de un par de bajadas por el Pla d’Adet y comprobar que aquello no aportaba nada, por la cantidad de gente y la poca pendiente de sus pistas, pusimos pies en polvorosa hacia Espiaube.


TúnelAragnouet-Bielsa 

Después de pistear otro rato, nos dirigimos hacia el final de la estación, Le Vallon, dd encontramos la mejor condición de nieve de todo el día… hasta que se fastidió. Las zonas de umbría empezaban a congelarse y después de una bajada fabricando hielo Frapé, decidimos encaminarnos de nuevo hacia Espiaube. Fue en este punto en el que comenzamos a ser conscientes de que esta estación no nos acababa de convencer del todo. Si bien había pistas con inclinación y con muy buena pinta, eran precisamente estas las que estaban cerradas por falta de nieve, debido al destrozo que había hecho el agua. Esto provocaba que en todo momento nos tuviésemos que mover por pistas más llanas que estaban plagadas de gente, ya que todo el dominio es accesible incluso por aquellos que son principiantes, generando una sensación de agobio que no habíamos tenido en días anteriores.


PiauEngaly 

Aún así, las nubes bajas nos dejaban estampas preciosas, dejando sus jirones atrás, de modo que parecían una suerte de bufandas que envolvían las cumbres nevadas. Si en lo que toca al esquí no fue un día notable, si lo fue en lo fotográfico, permitiéndome recoger un buen puñado de nuevas imágenes para el proyecto que desarrollo alrededor de este mundo que a todos nos apasiona, que es el esqui y la montaña. Y así seguimos disfrutando de la estación menos disfrutona, hasta que de nuevo entró la niebla, echando por tierra los pocos argumentos que todavía sostenían allí nuestra presencia. Por tanto, y viendo que ya eran de nuevo las 3 y media de la tarde, comenzamos el retorno al teleférico que nos había de devolver al pueblo, previa parada para saciar nuestra ansia cervecera una vez más.


TúnelAragnouet-Bielsa 

El día siguiente, viernes víspera de Reyes, amaneció fresquete y despejado. Mala señal: la nieve empapada, la temperatura por los suelos… Nada hacía prever un día de ensueño en la estación que todo el mundo nos había recomendado: PiauEngaly. De hecho, una vez que llegamos, un nuevo invitado vendría a empeorar el panorama: una vez más, el viento. Pero estábamos allí y había que ponerse manos a la obra, así que optamos por nuestros equipos más pisteros y empezamos a deslizarnos.


Cold’Azet-Val Louron 

No era día de grandes alardes, por lo que nos concentramos en intentar aplicar ejercicios que nos enseñó unas semanas atrás en BaqueiraBeret uno que también pulula por este foro y algo de esquí también sabe… Algo bastante! Pues así, a lo tonto, entre ejercicio y ejercicio, truco y truco, nos vamos dando cuenta de que cada vez vamos más rápido y más cómodos, de manera que al final del día nos habíamos recorrido toda la estación un par de veces mientras machacábamos “iceballs”.


Peyragudes 

Pero todo cuerpo humano tiene un límite, y el monstruo que habita en nuestras tripas gritaba que ya habíamos alanzado el nuestro. Aprovechamos la tontada de estar cerca de la frontera para cruzar el túnel de Aragnuet-Bielsa e ir a España a repostar, y de paso comer algo que no fuese queso, que aunque nos gusta a rabiar, ya nos salía hasta por las orejas. Así que después de ¡spués de rellenar el tanque de gasóleo del país, nos apretamos unas migas y un buen ternasco, regados con una botellita de vino que era veneno puro, y cuyo antídoto era la gaseosa.


Peyragudes 

Con el buche lleno, vuelta a St. Lary, a descansar y a prepararnos para el último día de esqui, para el cual habíamos elegido como escenario la estación de Peyragudes, la única de todo el periplo que ya conocíamos de aquella lejana y muy divertida KDD de Nevasport del año 2013, 1º d.P. (después de Pedursa). Un nuevo día frío, el 6 de enero, y nos dispusimos a cruzar al valle vecino por el puerto de Azet-Val Louron. Complicada elección para una mañana de niebla y calzada nevada en lo alto del puerto, pero que a cambio nos recompensaba una vez más con unas imágenes maravillosas.


Peyragudes 

Llegamos al al estación a través del Col du Peyresourde, y el panorama no era mucho más alentador de lo que había sido el trayecto. Frío y niebla para una mañana desapacible que invitaba más a quedarse con las manos rodeando un vaso de vino caliente que otra cosa… paro ya que estábamos allí, había que, por lo menos, cumplir con el expediente. Las primeras bajadas fueron hacia la silla de SerreDoumenge; el inicio y el final del descenso eran bastante soportables en cuanto a lo que a visibilidad se refiere, pero la zona intermedia era pavorosa, por lo que decidimos cambiar de zona despues de un par de descensos.


Peyragudes 

Nos dirigimos a Les Agudes, y al llegar abajo no reconocíamos la estación pues creíamos recordar que allí había unos edificios y tal… Bueno, realmente allí seguían, pero era imposible verlos desde la salida de la silla!! Por tanto, optamos una vez más por cambiar de zona, pues parecía que la vertiente de Balestas sería la que mejores condiciones tendría. Y así fue. Mejor estado de la nieve y visibilidad en todo el desnivel, por lo que pudimos hacer las mejores bajadas del día, mientras una vez más, comenzaba a levantarse el viento que obligaba a cerrar las sillas más altas.


Peyragudes 

En una de estas, bajando de la silla Serias, vemos que la niebla había despejado hacia el valle de Les Agudes. Se veía el pueblo desde arriba!! Nos lanzamos en tromba, dispuestos a trabajar la zona ahora que se podía… Pues nuestro gozo en un pozo. Cuando llegamos abajo de nuevo estábamos sumidos en las tinieblas, así que fuimos conscientes de que habría que volver hacia el lado de Peyresourde y hacer las últimas bajadas, lo que indicaba que nuestro viaje llegaba a su final.


Peyragudes 

No estaba mal, habían sido 6 días de esquí de 7 posibles, no en las mejores condiciones, pero eso es algo a lo que nos exponemos todos los que practicamos este maravilloso deporte, porque el es único que engorda. Yo me iba también satisfecho por la parte fotográfica, pues había conseguido llenar 5 carretes con buen material para seguir trabajando cosas, pensando sobre todo en una cita importante este próximo otoño. Así que una vez aburridos de bajar varias veces por el mismo sitio, y con los dedos de los pies congelados, cambiamos los “esquiseles” por los cubiertos para apretarnos la última cuchipanda: una nueva tartiflette y un Camembert al horno que se me saltaban las lágrimas.


Peyragudes 


Peyragudes 

Esta vez tocó vuelta a casa tranquila por Arreau, que no tenía yo ganas de emociones fuertes por ningún puerto de montaña después de la aventura matutina. Al llegar a St. Lary, últimas compras de avituallamiento para el viaje de vuelta, que sería largo y complicado, por las noticias que daba la prensa de temporal en la península. Y últimas birras en el Desman Café, que nos ponía unas ricas Grimbergen Red. Algo de bien le tuvimos que caer al dueño del local que nos invitó a alguna ronda, y eso que los vecinos no son muy de prodigarse en esas cosas… La próxima vez le llevaré unas Estrella Galicia, para que sepa lo que es bueno!

Pirineos 

Y con esto, al apartamento de vuelta, a embalar todo el equipaje y cargarlo en el coche ara poder salir temprano el día siguiente. Pero algo raro flotaba en el ambiente; había una pulsión extraña que no sabíamos lo que era, pero que podía suponer un giro radical en nuestras vidas. Un hecho determinante que podría desembocar en una catarsis, en una liberación: el fin de la Maldición de los Gallegos sin Paquetón! En toda nuestra vida nunca hemos hecho un viaje en el que tuviésemos un día de esquiar enterrados en nieve fresca de esa que atraganta. Las únicas veces que habíamos catado el polvo más rico que hay con unas botas puestas ha sido en alguna de nuestras estaciones locales: Manzaneda, Fuentes de Invierno, San Isidro, e incluso una vez en Pajares. Pero nada más.


Pirineos 

Mi compi me dijo que nos teníamos que vestir de romanos por la mañana, un porsiaca de libro. Que igual teníamos suerte. Sin embargo, mis pensamientos iban por otra senda. Iban por el lado de que tenía 10 horas de viaje por delante, mas las paradas, por un país sumido en un temporal, para llegar a casa y descansar lo justo para ir a la oficina al día siguiente a las 8:30 de la mañana. Pero yo soy el colgado, el que hace las mayores locuras, y tras años de paciente sufrimiento ella se había ganado el derecho de de hacer la suya. Y su pálpito se centraba sobre Cauterets. Era la única estación de la que no habíamos visto nada por la niebla, y habíamos hecho una única bajada precaria a consecuencia de la lluvia.


Pirineos 

2 horas de viaje desde Saint-Lary-Soulan hasta Cauterets, y yo no las tenía todas conmigo. Entrábamos en la niebla, salíamos de ella, volvíamos a sumergirnos una vez más… En el horizonte se dibujaban las cumbres de los Pirineos más blancas de lo que las habíamos visto estos días atrás, pero yo no acababa de estar seguro. Cabía la posibilidad de que la montaña estuviese tapada. Cabía la posibilidad de que sobre la nieve recién caída hubiese sobrevenido la lluvia matutina. La obligaba a mirar las webcams cada 2 por 3, pero era de madrugada y aquello se veía más negro que el sobaco de un grillo. Igual de negro que sería para mi el día siguiente, vegetando por la oficina con unas legañas como estalactitas. Pero trataba de autoconvencerme pensando en que ella tenía derecho a liarla parda como yo la había liado 100.000 veces antes. Pero no la lió.


Cauterets 

No solo el cielo sobre Cauterets estaba limpio empatenado, si no que además la luna nos enseñaba media cara desde la altura. Llegamos de los primeros, aparcamos al lado del huevo y sacamos tó lo gordo. Yo aún no sabía para qué… para esquiar una papa asquerosa nuevamente a buen seguro. Y al llegar arriba, lo vimos. Aquel merengazo era el fin de la maldición. Por fin podríamos esquiar sin que se viesen los cantos!Pero cuanto sería? Carajo, que menos que un palmito rico, no?


Cauterets 

Por encima de la rodilla. Y eso abajo. En las partes altas con más acumulació hasta las caderas. Mientras subíamos en la silla no se oía sonido alguno de los que pasaban esquiando por debajo de nosotros; eran una suerte de seres etéreos, y en breve seríamos unos de ellos!


Cauterets 

Bueno, en breve… pues tampoco. Cogemos una pista azul para calentar las piernas y meternos por el borde de pista. Que cosa más rica! No es demasiado profundo, pero como toma de contacto está bien. Silla de nuevo. Desde ella divisamos lo que se supone que es una pista roja, pero que está sin pisar. Solo la enturbian media docena de huellas. Acaso nadie la había visto? Pues no vamos a perder el tiempo. Venga, va, que nos lanzamos, ella delante. Un giro a derecha y cuando lo está finalizando, se cae. No la veo… ah, no, ahí aparece! Consigue ponerse en pie, toma una bocanada de aire y empieza de nuevo. Arranca, coge velocidad, gira hacia la izquierda y se vuelve a caer. Esto va a ser largo, pues tiene pendiente y no hay pista a la cual escaparse en caso de hartazgo. Bajo hacia ella y le digo que recuerde las enseñanzas del maestro. “Cierto, tengo que llevar las manos delante, los pies juntos y mantener la centralidad”. Si claro, la teoría bien, pero vamos a ver… Arranca una vez más, giro a derecha y cuando lo esta terminando no se cae, izquierda y no se cae, derecha de nuevo, izquierda… que ha acabado la pala!! Me tiro como un becerro a por ella pero ni me espera; sigue por la pista azul que hay a continuación, a veces se sale de la pista, vuelve y se para en la silla. Y me espeta: “A veces me siento descontrolada pero me lo estoy pasando de coña!”. Descontrolada, dice… Hace un mes era imposible que bajase por ahí.


Cauterets 

Os podéis imaginar como fue lo que quedó de mañana. Conejeamos todo Cauterets gozando como marranos en una charca de barro. A mi incluso se me había olvidado que en unas horas tendría que estar atravesando el temporal y en unas pocas más sentado en mi mesa de trabajo resolviendo algún entuerto que ya me había anticipado el correo electrónico. Pero todo daba igual. Era el día que habíamos esperado, y después de un viaje tan chulo como tuvimos a pesar de todo, aquello era la guinda perfecta para el pastel. Para un enorme pastel de nata.

Cauterets 

Al final, 7 días de esquí coon todas las condiciones posibles, Eso si que es un ski safari! Pero todo lo bueno se acaba y ese momento, esta vez si, había llegado. Bajamos al coche guardamos botas, tablones y bastones, y empezamos el regreso hacia nuestra casa, regreso que preveíamos que sería complicado. Optamos por tomar la ruta por el norte, ya que al no coger altitud sobre el nivel del mar confiábamos en no sufrir nevadas. La primera parada al pasar la frontera, para comer y cambiarnos. Y de paso poner cara a una conforera que tuvo la gentileza de venir a tomar un café con nosotros, junto con su marido. Después otro arreón y parada para cenar en Asturias, esta vez con otro conforero ya conocido, su familia y una riquísima tortilla. Gracias a ambos, que lejos de entretenernos nos hicieron el viaje mucho más llevadero. Y el último sprint ya nos dejó en Vigo, a donde llegamos a las 2:00 a.m., con una cara de bobos después del día que habíamos tenido que nos mordíamos las orejas de la sonrisa que llevábamos en la cara.


Cauterets 

Y a tomar por c**o la p**a maldición!!

 

Cuentas Pendientes por Abel Pereira.

Last modified: 29 noviembre, 2018

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